Ensor y Charlie Hebdo

Ensor

“La máscara, decía- Larbaud- es una mentira que siempre dice la verdad”. Pero el verdadero genio de la máscara no fue este escritor francés sino el belga James Ensor (Oostende, 1860 – 1949), digno miembro de Charlie Hebdo antes de hora, maestro en la caricatura del alma humana. Cuando ahora veo tanta reacción al atentado en Francia no puedo por menos que pensar en el carnaval que es la vida, aunque sea políticamente incorrecto mostrarlo en estos momentos.

¿Cual ha sido el papel de los musulmanes moderados?

Desde luego no gritaban mucho cuando en los años 2007 y 2008 la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia denunció a Charlie Hebdo por sus caricaturas. Ni cuando en el 2012 dos asociaciones musulmanas recurrieron a la Justicia contra Charlie Hebdo. Algunos hubo que dijeron algo, imagino incluso que una gran mayoría de musulmanes no estaban de acuerdo con esas querellas, pero no se produjo una gran oposición pública.

Cuando veo ahora como el Consejo Musulmán de Francia condenando el atentado o el presidente del Consejo, el rector de la Gran Mezquita de París, Dalil Boubaker, acude al lugar del suceso y expresa su “solidaridad” con las víctimas y sus familias, me sabe a poco. No puedo evitar preguntarme donde están las manifestaciones masivas de musulmanes en las calles rebelándose contra la violencia que habita en el seno de algunos de los miembros de su comunidad. Sí eso se produjera, quizás, los atentados, no habrían tenido lugar.

¿Y cuál ha sido el papel de los intelectuales y políticos occidentales?

Aquí, antes, un poco de memoria. El origen del atentado a Charlie Hebdo está en las doce caricaturas satíricas del profeta Mahoma publicadas por primera vez en el 2005 en Dinamarca. Entonces hubo impresionantes protestas callejeras, alentadas a veces desde las mezquitas. Los líderes musulmanes europeos denunciaron al diario danés. En octubre de 2006 las caricaturas dejaron tras sí un reguero de protestas en las calles. Hubo muertos. Ataques contra redacciones occidentales e intentos frustrados de asesinato.  Las protestas no eran sólo en occidente. Impresionaba ver las calles abrasadas por la muchedumbre en Afganistán, Líbano, Somalia o Gaza. Varias embajadas occidentales fueron atacadas.

Bajo la presión, vi en persona como varios políticos occidentales ofrecían un discurso flexible que contrasta con el que podemos oir hoy tras el atentado de París en defensa a ultranza a la libertad de expresión.

Acabo de escuchar una entrevista que le hice a Javier Solana entonces, de la que guardo copia. Literalmente dice: “yo creo que todo el mundo tiene que hacer un esfuerzo para no llevar la situación hasta el límite. La libertad de expresión es sin duda un principio fundamental pero de la misma manera también la tolerancia es un principio fundamental (occidental)”.

Entiendo lo que quería decir. Lo entiendo. La situación era tensa y él era un responsable político intentando encontrar soluciones. ¿Qué va a decir? Aunque los caricaturistas franceses y daneses no debían sentirse muy apoyados.

Seguramente yo, sin responsabilidad política alguna, era más libre para hablar del asunto que él.

Es lo que me ocurrió con José/Josep Borrell, con quien tuve una tensa discusión a este respecto cuando era Presidente del Parlamento europeo. Su postura la recuerdo más allá de lo expresado por Solana, aunque no guardo prueba de las palabras exactas. Había testigos, eso sí. En mitad de la rueda de prensa me dejé llevar por cierta indignación y pregunté si llamaría a la misma autocensura cuando en España se habla por ejemplo de cómo cocinar un cristo.

La pregunta derivó en discusión. Que intenté -debí haberlo dejado pasar- seguir tras la rueda de prensa. Discusión que Borrell  termino con esta frase lapidaria de francotirador acosado: “yo no tengo porque hablar de esto con usted”. Me quedé planchado y humillado. Tal cual.

Ahora todo el mundo dice que la libertad de expresión es innegociable. Nadie dice que Charlie Hebdo debía haberse autocensurado.

Y al mismo tiempo, tampoco veo grandes propuestas para atacar la raíz del problema. La inmigración musulmana no está mayoritariamente integrada en las sociedades occidentales. Ni en la primera, segunda o tercera generación. Da la impresión de que ni ellos quieren, ni los políticos hacen mucho para cambiar la situación general.

Ahmed Merabet, el policía musulmán, que fue asesinado por uno de los atacantes a Charlie Hebdo el otro día si estaba integrado. Imad Ibn Ziaten, el primer soldado francés asesinado por Mohamed Merah hace 2 años también.

La comunidad musulmana en Europa, en su conjunto, es la primera víctima de los yihadistas.

Cuando miro los cuadros de Ensor veo que las máscaras de los personajes dicen más sobre ellos que su propio rostro. Y en la vida real, al quitarnos una máscara, siempre hay otra debajo. La verdad a la que se refería Larbaud es la fanfarria del carnaval.

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