Mi artículo en De Standaard

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A los españoles en el extranjero… ¿No les ha sorprendido con que facilidad se valida la propaganda nacionalista? ¿No se han sentido abrumados ante la necesidad de explicar cosas que creían asumidas? ¿Y no se les ha pasado por la cabeza que, si finalmente nosotros juzgamos con los mismos ojos otros conflictos en el mundo, que Dios nos coja confesados? Hoy sale publicado en el periódico flamenco De Standaard, con modificaciones, el artículo que ayer publiqué en mi Blog sobre los prejuicios con que nos mira el mundo ante el problema catalán. Ésta es la traducción literal al español.

EL VELO INVISIBLE DE LOS PREJUICIOS

Este domingo un buen amigo francés me envió una de esas caricaturas que circulan en las que un policía antidisturbios español vestido de negro y con bigote obliga a porrazos a quedarse en España a un catalán. Normalmente no hubiera dicho nada porque lo sucedido el 1 de octubre durante el referéndum unilateral de la Generalitat, a muchos españoles en el extranjero nos avergonzó. Pero me sorprendí a mí mismo respondiéndole.

“¿Quién envía una película española en catalán a los Oscar éste año, Francia o España?¿Dónde está más respetada la lengua catalana o el euskera, dónde tienen más autonomía los vascos y catalanes, más policía, más televisiones, más medios, más todo? ¿En Francia o en España?”

Y terminaba con un lamento. No recuerdo una sola viñeta en la prensa internacional que ironizara sobre como los independentistas aprobaron -contra la opinión de los propios servicios jurídicos del parlamento de Cataluña- una legislación para hacer un referéndum al margen no sólo de la Constitución sino de la propia legislación catalana, y sin respetar los derechos de la oposición parlamentaria. Eso sí que no es democracia.

A veces me veo explicando en el extranjero que los españoles no van casi a misa ya, que las mujeres trabajan, que España fue el tercer país del mundo en autorizar el matrimonio homosexual… y sin embargo como dice el escritor Antonio Muñoz Molina (“En Francoland”, El Pais 13.10.17) “Una gran parte de la opinión cultivada, en Europa y América, prefiere mantener una visión sombría de España, un apego perezoso a los peores estereotipos, en especial el de la herencia de la dictadura…  Lo sostienen sin ningún reparo personas que están convencidas de sentir un gran amor por nuestro país. Nos quieren toreros, milicianos heroicos, inquisidores…”.

Muñoz Molina explica cómo, en Nueva York, reunido con importantes académicos, profesores y escritores tiene que recordar que a diferencia de EEUU, en España no se admite la pena de muerte, ni la cadena perpetua, ni el envío a prisión de por vida de menores de edad, ni la tortura en cárceles clandestinas.

Sólo gracias a la pervivencia de una marea invisible de prejuicios ha podido transmitirse con tanta facilidad la propaganda independentista según la cual el franquismo pervive disfrazado de una democracia imperfecta. Sin embargo en España no hay partidos de extrema derecha con representación parlamentaria como si ocurre en Francia, Alemania, Austria… e incluso en Bélgica.

Cataluña es compleja. Pero el mensaje independentista es eficaz porque es básico. Ellos son el pueblo de Cataluña, no existen los otros catalanes. Y sólo piden votar. ¿Cómo se les puede negar algo tan democrático? La conclusión es que ellos son los rebeldes de la Guerra de las galaxias frente a la España franquista: Darth Vader. Lo que está en juego es la opinión pública internacional. Y aquí España va perdiendo contra “los catalanes pacifistas que sólo quieren votar”.

La realidad no es tan simple. Para empezar Cataluña no es “una”, sino como poco dos. Según los independentistas las últimas elecciones catalanas eran plebiscitarias. La idea era sacar la mitad más uno de los votos para iniciar el proceso de independencia. Pero se quedaron a las puertas con el 47,7% de los votos. En el resto se esconde una mayoría silenciosa que no va a las manifestaciones amedrentada por el nacionalismo social dominante que, de todas formas, decidió seguir adelante con una ajustada mayoría de escaños.

Los casos de Escocia y Quebec son la excepción. El Tribunal Constitucional italiano prohibió en el 2015 a la región del Véneto la posibilidad de organizar un referéndum consultivo –no ya vinculante como el del 1 de octubre en Cataluña- sobre la independencia en su territorio. En el caso de Alemania en el 2016 el Tribunal Constitucional alemán determinó que el land de Baviera no tiene derecho a celebrar un referéndum de independencia. En el caso de Bélgica, la traumática experiencia vivida en 1950 entorno al Rey Leopoldo III y la « Cuestión Real » ha llevado a que sea especialmente complicado apoyarse en la Constitución para convocar referéndums. En lo que se refiere al supuesto derecho de autodeterminación, España no es ni más ni menos democrática que otros países de nuestro entorno.

Seguramente cuando el Primer Ministro belga habla de “mediación” entre Madrid y Barcelona está pensando en que Bélgica ha podido salvar la convivencia gracias a que ha sabido reinventarse en seis reformas de Estado. Y es cierto. Pero en Bélgica nadie se saltó la ley. Además, me pregunto que hubiera dicho Charles Michel si Madrid hubiera propuesto una mediación europea entre “francophones qui ne sont demandeurs de rien” y flamencos cuando Bélgica batía records del mundo sin gobierno, en el 2011.

Hace un par de semanas la Presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, vino a Bruselas a recoger de manos de su homólogo flamenco un premio por su defensa del derecho de autodeterminación. Jan Pneumans expresó a la prensa española su envidia por las manifestaciones masivas del independentismo en Cataluña y su tristeza por no ser capaz de politizar el futbol como hace el FC Barcelona. Tras entregar el premio gritó en catalán: “Hoy Cataluña. Mañana Flandes”.

La teoría dice que la N-VA se conformaría con un Estado belga Confederal, una independencia sin riesgos. Pero todo nacionalismo implica romanticismo, y para el partido de Bart de Wever ver fracasada la independencia catalana significa que le arrebaten su particular viaje a Ítaca. Me parece a mí que es para contentar a los nacionalistas flamencos que sostienen su gobierno, que Charles Michel se ve obligado a pronunciar frases incoloras como ésta: “¿Quién puede validar la violencia venga de donde venga? Nadie supongo”.

En la N-VA, alguien le ha pedido a Charles Michel que le ayude a cruzar hasta la otra orilla, y el Primer Ministro no sabe aún quien es la rana y quien el escorpión. Aunque muchos apostarían a la misma respuesta.

Puede que Charles Michel no sea el único al que se le ponga cara de rana al final del cuento. Porque éste es un cuento europeo. Lo que afecta a uno tarde o temprano acaba afectando a todos. No solamente por el efecto dominó, sino porque está en juego el concepto de Democracia, la noción de Ciudadanía, el respeto del otro dentro de las normas aprobadas democráticamente por todos. Vivimos un golpe de Estado post moderno. Y puede triunfar porque utiliza los medios modernos del populismo (posverdad, redes sociales…) con los que han triunfado antes el Brexit o Trump.

La democracia española lucha estos días por existir contra su propia leyenda. Y la UE se juega tanto como España.

 

 

 

 

Jacobo de Regoyos

 

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