Desahogo pasajero

 

Entran unas ganas terribles del despotricar. No sé si a alguno de ustedes le ha pasado. Coger un avión de Iberia en la T-4 de Madrid-Barajas… condición indispensable, con una maleta para facturar. Si lo ha hecho me entenderá.

Antes de nada, si me permiten un comentario… Yo no soy mucho de hablar mal de España. Al contrario. Normalmente cuando vuelvo a mi país son los españoles que viven en él los que no paran de hacerlo. Y por cosas que no comparto. Que si Madrid está sucio (no es verdad, es una de las ciudades más limpias y mejor organizadas de Europa), que si la Seguridad Social es un desastre (¿De verdad no sabemos la suerte que tenemos con la sanidad gratuita, y además de calidad?) o que si nos fríen a impuestos (Pero si son más altos en el resto de Europa).

Nada es perfecto, y España tampoco. Yo mismo tengo mis cuentas pendientes con mi país. Pero ante la habitual ola de negativismo, tan apabullante como injusta, normalmente me paso la vida defendiendo a España ante mis compatriotas.

No ésta vez. Lo siento. A la vuelta de estas vacaciones he vivido exactamente la misma experiencia que el año pasado en el aeropuerto de Barajas. Y dos veces no tiene perdón.

Cuando uno acude a los mostradores de Iberia en la T-4 con la tarjeta de embarque impresa desde casa le obligan a guardar dos colas. Primero una a la izquierda donde hay unas máquinas para registrar/facturar la maleta, y luego otra a la derecha donde hay que entregarla al personal de la compañía en un mostrador con cinta distribuidora.

No, la T-4 no está en Lepe. Está en Barajas.

En todos los aeropuertos donde he estado, incluidos las otras terminales de Barajas, hay una sola cola, haya máquina o no: la misma cola para pesar y entregar la maleta facturada, para recibir la tarjeta de embarque, para lo que haga falta. Y si hay el artefacto de turno para hacerlo automáticamente, lógicamente es para ahorrase el personal. Nosotros en Barajas montamos un sistema para hacer dos colas sin ahorrarnos ni la máquina ni el personal.

Al contrario. Como casi nadie se espera algo así, sobre todo los extranjeros, hay encima personal extraordinario de Iberia intentando gestionar de tú a tú con los pasajeros el caos. Créanme, es un caos.

Primero les explican que tienen que hacer dos colas. Segundo, como superar la prueba de las máquinas porque gran parte de ellas no funcionan correctamente. En tercer lugar, indicarles donde entregar la maleta. Y en cuarto lugar discutir con los pasajeros enfadados que no se enteran y protestan, que no son pocos.

La situación es tanto más absurda cuanto hablamos de uno de los aeropuertos más modernos del mundo.

Las navidades anteriores me encontré con la misma situación. Sin elevar en ningún momento la voz, más por curiosidad que otra cosa, pregunté por el responsable y éste me explicó muy amable que Iberia no era la culpable, que la compañía ya había solicitado al aeropuerto que les cambiaran las máquinas al mostrador donde estaba la cinta transportadora. Que ellos se limitaban a gestionar una situación mal organizada hasta que llegara la solución. Me pareció una explicación razonable.

Éste año he comprobado que doce meses después nada ha cambiado.

Por prejuicio, para los europeos de más allá de los Pirineos España es y será un país del sur. No importa lo bien que lo hagamos (y creo que hacemos muchísimas cosas mejor que ellos) tienden a vernos siempre así. ¿Recuerdan? Cuando la economía iba viento en popa, los de la City londinense nos llamaban entonces los “cerdos voladores” (Flying PIGS, acrónimo de cómo sabrán Portugal, Irlanda, Grecia y España). Bueno, en este caso, al final un poco de razón tuvieron…

La sonrisa y la empatía del personal de Iberia –tan españolas- no cambiaba en nada la opinión que se iba dibujando en la cara de todos y cada uno de los pasajeros: This is Spain.

Ya pueden haberlo pasado bien, ser Madrid ser una ciudad bonita y cuidada, lucir la T-4 en todo su esplendor arquitectónico… El desastre organizativo con las maletas confirmará todos esos prejuicios sobre España que llevamos décadas intentando desmontar.

No sé cuanto se lleva gastado en promocionar la llamada Marca España, pero sea la cantidad que sea, vuela por los aires cada día en la T-4.

 

 

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