Otro premio a los héroes de M

Ayer hice una entrada con motivo de la concesión a Societat Civil Catalana del Premio Ciudadano Europeo 2014 a los que yo llamaba héroes, y explicaba un poco porque. Pero a veces las cosas se acaban explicando mejor ellas solas. Dije que eran héroes porque se atrevían a hablar contra el discurso social dominante. Simplemente. ¿Por eso son héroes? ¿Exageración? ¿No vivimos en democracia?

Piénsenlo un poco. Eso, llevar la contraria a una opinión que ha logrado ocupar un puesto como algo positivo y valorizante en un contexto determinado no lo hacemos usted ni yo fácilmente. Ni cuando comemos con los compañeros del trabajo, ni cuando cenamos en navidad con nuestra familia. A nadie le gustan los problemas, tendemos a evitarlos. No digamos ya si suponen un coste social en forma de menor promoción laboral, menor posibilidad de que tu hijo opte a un premio en la escuela, menor aceptación con los vecinos… Lo que hacen en Societat Civil Catalana lo hacen arriesgando y sólo por indignación personal ante una mordaza sin nombre.

Para expresarlo traía ayer a colación el experimento de Milgram, uno de los muchos que la sociología ha aportado en el siglo XX para demostrar como se puede manipular a una sociedad con reglas perfectamente controladas basadas en nuestro comportamiento social. Pero escuchen. Al final, yo puedo llenarles la cabeza con mil teorías. El hecho es que la realidad a veces se empeña en explicarse a si misma. Y sino, sigan leyendo.

Cuatro eurodiputados catalanes -Ramon Tremosa (CDC), Ernest Maragall (ERC-NeCAT), Ernest Urtasun (ICV) y Francesc Gambús (UDC)- han enviado hoy una carta al jurado considerando “vergonzoso” que la Eurocámara concediera ese galardón este año a Societat Civil Catalana por sus “vínculos extremistas”. “El Parlamento Europeo debe saber que SCC tiene vínculos con la extrema derecha española. En su evento fundacional, varios miembros de la Fundación Francisco Franco y del grupo xenófobo Movimiento Social Republicano del estuvieron presentes”. También apuntan que el presidente de SCC, Josep Ramon Bosch, “es un declarado admirador de Blas Piñar, un famoso líder de la extrema derecha vinculado a Jean Marie Le Pen”. “En el futuro, el PE debería ir con más cuidado e investigar más sobre las entidades a las que se premia”. Los eurodiputados dicen “no entender por qué una entidad con tan poco recorrido como SCC y con una escasez notable de méritos e impacto social haya sido reconocida”. Ni siquiera “caballerosidad obliga” ante el discrepante.

La reacción del del nacionalismo a este premio no ha sido de buen perdedor (recordemos también optaba a él la ANC). Antes ya les habían llamado “quintacolumnistas” o “enemigos del pueblo”. Pero parecía un milagro que desde su creación Societat Civil Catalana hubiera conseguido evitar todas las trampas que le han tendido para poder acusarla a continuación de rancia y caverna extrema derechista, que son las etiquetas subliminales que conlleva sentirse español en una sociedad dominada por el discurso nacionalista. Y la verdad es que no han conseguido que caigan en una sola trampa. Por eso duele más su discrepancia. Una discrepancia casposa sería mejor aceptada. Incluso bienvenida.

Cada vez que les llaman  cosas así, cuando les escriben lindezas como las de la carta de la que hoy les hablo, en mi cabeza es como si les dieran un segundo premio a los héroes de Milgram. ¡Que tíos!  

Si quieren leer la reacción de Societat Civil catalana, hagan click aquí.

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